Noctámbulos


Pánico 

     Abro los ojos pero aún todo sigue oscuro.Muevo mis manos alrededor intentando palpar algo familiar que me indique donde estoy; encuentro algo macizo, tal vez una mesa.

    Siento el terror subir por mi espalda. Cuándo mis ojos se adaptan a la penumbra me encuentro sentada en el suelo de una pequeña y desconocida habitación. Jamás había estado aquí, jamás había visto esta enorme mesa, estas sucias paredes, ni la alfombra empegostada bajo mi cuerpo o los grandes y oscuros ojos que ahora me miran fijamente a solo una nariz de distancia.

     Quiero gritar pero una callosa mano se adelanta al impulso y silencia  un aullido estrellando con violencia mis labios contra mis dientes. Sangro, ese sabor metálico es inconfundible, el cabrón me ha roto la boca.
Intento safarme pero mi fuerza es risible comparada con la suya.
Oigo su risa, caliente y húmeda  sobre mi oreja. Quiero levantarme del suelo, correr, huir pero mis piernas cuelgan estúpidamente sobre la alfombra. No puedo sentirlas.

 ¿Qué me ha pasado?

    Mil respuestas vuelan a mi mente cada cuál más terrible que la otra pero es inútil, no logro fijar ningún recuerdo. Estoy segura, ¡alguien me ha drogado!
Otra risa viene hacia mí desde la penumbra, una risa aguda, histérica, hiriente como la de una hiena y siento miedo, pánico de no entender.

    Derepente  oigo el clic de un interruptor y entonces todo queda bañado por una  intensa e insoportable luz blanca. Estoy en mi cama, temblando de terror cuando una voz me devuelve a la realidad.
¡Ven a desayunar hija, se te hace tarde!




Esperiega 





Sabana Grande

Bajo un sol brillante… camino por Sabana Grande… errante, sin rumbo… me tropiezo con un “niño de la calle” ¨-qué estereotipo antipático, hasta en los sueños sale- me muestra una aguja… quiero drogarme, enséñame cómo, por favor… le digo que no tengo idea, le señalo al jibaro que esta en la esquina ofreciendo su mercancía… ese es el experto…. mi niño camina hacia allá… yo miro de lejos… veo gesticulaciones… el niño se aleja de el y de mi… no puedo dejar de mirarlo… me invade un temor extraño… de pronto pienso… el jíbaro es un malvado, ¿cómo lo mande con él?…. corro a ver si lo alcanzo… se hace todo tan lejos, tan grande la sabana de concreto…. El niño se traga las agujas, lo veo y no logro llegar a tiempo… No logro llegar… Solo alcanzo a verlo… como se va transfigurando su rostro… se dilata espantosamente… las agujas van emergiendo de la piel como dagas… me recuerda tanto aquel personaje de pesadillas del cine… el horrendo Kruger con su piel lacerada, su sombrero viejo y suéter de rayas…. Siento pánico…creo 
que estoy soñando…










Estoy en una fiesta… conozco solo a mi profesor de teatro, Anibal, entretenido en la celebración, disfruta de las copas y conversaciones entre trajes de gala… no puedo caminar con tacones…. Me siento pequeña entre tantas corbatas y lentejuelas… me escabullo a la terraza para poder respirar… Fuera, me encuentro con un pasillo externo de concreto muy amplio… el helicoide? Camino y me asomo a ver hacia fuera… parece que estamos en un sitio muy alto... el paisaje que diviso es inmenso… una sabana larga muy larga… no reconozco estos colores… tonos marrones y grises verdosos…. a lo lejos una especie de lago… y un monstruo bebiendo de él… con su cría reposando a su lado… no es cualquier monstruo, lo sé inmediatamente… es ella, la terrible indivisible de Loch Ness… no puedo evitar mirarla, sé que no debo, que no puedo... nadie puede verla… pero estoy petrificada, hipnotizada y no despego los ojos del cuadro… el inmenso bebe retoza… me río… de pronto Ella levanta la cabeza… ME MIRA… Noooooooooo…. Me ha visto… Sabe que la he visto…. Echo a correr… sabiendo que es imposible ganarle… no hay escapatoria posible… Corro por el pasillo del helicoide… Ella corre a su vez, en paralelo, por aquella sabana enorme… corremos a la par… corro, corro, corro…. Se que no podré huir pero corro… no se en que momento desperté…



Gorgona